Sus propios nietos lo tiraron de un helicóptero por la herencia: pero no sospechaban el oscuro secreto militar del abuelo
El viento helado cortaba el rostro de don Arturo como mil cuchillas mientras caía al vacío. A más de mil metros de altura, el ensordecedor ruido de las hélices del helicóptero se iba desvaneciendo, dejándolo solo con el silbido de la muerte acercándose. Arriba, asomados por la puerta abierta de la aeronave, estaban los rostros de las dos personas que más amaba en el mundo. Sus nietos, Rodrigo y Camila, lo miraban caer con unas Leer más